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Desde hace cinco millones de años hasta hoy, las Hoyas de Guadix y Baza han sido cuencas alojadas entre montañas, con uno o dos lagos centrales y atrapadas entre las cumbres de las sierras que las rodean. En su evolución, han ido subsistiendo respecto de las elevaciones circundantes pero, a su vez, se han elevado sobre el nivel del mar, viviendo un proceso de relleno de esos lagos, en los que se han ido depositando sedimentos y enterrado muchos fósiles e industrias líticas.
En el Pleistoceno superior, entre hace 100.000 y 17.000 años, se produjo la captura de las aguas del lago de Baza por el río Guadalquivir, a través de su afluente, el Guadiana Menor, quedando a la vista la erosión producida por las aguas la cual permite ver, en las laderas de las cañadas y de los barrancos, importantes afloramientos paleontológicos y arqueológicos que han venido siendo objeto de diversas investigaciones.
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En trabajos arqueológicos realizados en los yacimientos de Baza, Barranco León y Fuentenueva, fueron hallados una mandíbula, un cráneo y varios colmillos de annancus, elephas y mamuthus ("bisabuelos” de los elefantes actuales), con una edad de unos cuatro millones de años, así como también restos fósiles de bóvidos, cérvidos y caballos, junto a restos de un cráneo de hipopótamo, si bien, desde el punto de vista de poblamiento, lo más interesante son unas 50 piezas líticas, que hubieron de ser fabricadas por seres humanos, con una antigüedad de unos 1,8 millones de años, lo que se puede asociar con la época de aparición de los primeros homínidos europeos. |
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En cuanto al momento preciso en que fue creada la ciudad y como quiera que, a donde no llega la ciencia aparecen la sabiduría y las leyendas populares, mezcladas con las ciencias más puras, se cuenta como son varias las teorías que hablan del origen de Baza. Una de ellas precisa, con total exactitud, su fundación por Beto, descendiente de Jafet, allá por el 1810 a.C. Otra de esas leyendas la relaciona con Testa, personaje fantástico, provinente de una importante dinastía africana. También es africano el origen que le dan quienes relacionan el nacimiento de Baza con el de la ciudad cartaginesa de Baste. Otra teoría relaciona la fundación de Baza con la también africana Cartago, apoyándose para ello en la denominación fenicia de Batzi (zona pantanosa), pues no en vano se ha de olvidar que las actuales llanuras fueron, como queda dicho, el fondo de un inmenso lago salado, que aún conserva conchas de animales, como testigos de ese pasado marino.
En el terreno de lo cierto, se cuenta con innumerables vestigios arqueológicos repartidos por la región bastetana, que permiten afirmar que hubo presencia humana, en estas tierras, en el periodo conocido como Paleolítico. Se trataba de una población cazadora que, allá por el siglo VI a.C., que acabó transformándose, según las nuevas corrientes neolíticas, en pobladores dedicados al cultivo de la tierra y a la ganadería. Modernas investigaciones y excavaciones, como las de la vecina localidad de Orce, sitúan a estos pobladores de la especie humana, llegados por el sur, como los primeros pobladores españoles.
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BAZA IBÉRICA
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Pasa el tiempo y la altiplanicie bastetana sigue siendo lugar escogido como asentamiento por varias culturas, si bien de la que más se habla por motivos obvios, es de la del pueblo íbero, allá por el siglo IV a. C., quienes solían asentarse en rutas establecidas con anterioridad por los fenicios. |
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La gran cantidad y valor de los restos hallados, pertenecientes a esta época, confirman la importancia que la Baza ibérica debió tener, pudiéndose afirmar también, que tuvieron que tener relaciones con otros pueblos colonizadores, tan importantes como los griegos, debido a la presencia de abundantes cráteras italiotas usadas como urnas cinerarias.
Los Íberos-bastetanos de la época, fueron evolucionando y se empezaron a diferenciar en grupos según las actividades que realizaban: de una parte, los agricultores y ganaderos y, de otra, los que explotaban los minerales de la zona, utilizando fundamentalmente el cobre que extraían de la Sierra de Baza.
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Estos grupos llegaron a tener modos de vida bastante diferenciados y se habla incluso, según Ptolomeo, de que el pueblo ibérico de los bastetanos, que debió ser el heredero de los mastienos o bastienos de la época tartésica, se dividía, en dos ramificaciones: los bástulos, al oeste y los bastetanos propiamente dichos, al este. Ambos ocupaban una gran parte del sureste español, en la que se incluía la actual provincia de Almería, la casi totalidad de la provincia granadina y amplias zonas colindantes de las provincias de Málaga, Jaén Albacete y Murcia. |
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El paraje de la zona del Cerro Cepero, próximo al Río de Baza y lugar de aparición de la Dama de Baza y del Torso del Guerrero de Baza, debió ser la necrópolis del asentamiento ibérico, uno de los más antiguos de España, el cual desempeñó un importante papel en el control de las rutas que comunicaban el sureste murciano con la Alta Andalucía y las ricas minas de Cástulo (Linares), aunque su economía predominante se basaba en el cultivo de los cereales de secano. |
BAZA ROMANA
Los romanos ocuparon la Península Ibérica en el siglo II a.C., concretamente en la década comprendida entre 190-180 a.C. y, junto a las altiplanicies orientales, englobaron nuestra ciudad en la provincia Tarraconense del Imperio, que estaba dividida a su vez en siete “conventos jurídicos”, en uno de los cuales, el cartaginense, ubicaron a las comarcas bastetanas.
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Ello trajo cambios muy importantes, no sólo en el modo de vida de la población, sino en la política territorial que aplicaron los conquistadores, que para Basti supuso pasar a ser considerada ciudad estipendiaria, sometida por tanto al pago de innumerables impuestos, mientras que a Acci (Guadix) se la consideró colonia, con lo que gozó de más privilegios, tal vez por tener más población romana entre sus habitantes. En cualquier caso, las ciudades romanas de Baza y Guadix, fueron entonces más importantes que la actual Granada. |
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A pesar de no tener mucha población romana, Baza tuvo un aceptable nivel de poblamiento, basando su economía no ya sólo en la agricultura, que ese vio afectada por la centuración o parcelación agraria que los romanos aplicaron en la zona, sino también en la extracción de oro y plomo (galena) de la Sierra bastetana.
En cuanto a la ubicación concreta de la ciudad romana, poco se sabe, si bien sí hay datos del descubrimiento de diversos restos que incluyen una placa de mármol con un relieve de Mercurio, dedicada a Cornelio Materno, aparte de la cita de Magaña relativa a una colección de 76 monedas de plata y 250 de bronce.
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Recientemente, en agosto de 1992, el equipo del Profesor Nicolás Marín, realizó el hallazgo de diversos restos romanos en el paraje del cerro Cepero, los cuales parecen venir a confirmar que fue este lugar el elegido para el asentamiento de la romana Basti.
En cualquier caso, la Baza romana nos dejó pruebas de su importancia, ya que mereció la atención de personajes de la talla del general cartaginés Amílcar quien, según relato de Tito Livio, murió en su huida hacia Basti, al ser derrotado por el caudillo hispano Orisón en el año 230 a.C. Años después, durante las Guerras Púnicas, Publio Cornelio Escipión, que conquistó Cartago Nova el 1 de abril del 209 a.C., para controlar el levante e intentar, por segunda vez, la conquista del valle del Guadalquivir, encargó a su propio hermano, Lucio, la ocupación de la Bastetania, operación que acabó con una gran batalla en Auringuis (Jaén).
Otros datos que hablan de la importancia de la Baza romana fue el haber sido una de las ciudades aspirantes a la creación de la sede de San Tesifón, uno de los siete varones apostólicos y también el hecho de que al Concilio de Elvira (siglo IV) asistió el obispo bastetano Eutiquiano.
Por último, a modo de curiosidad, comentar que según la Xeografia de Estrabón (63 a.C. – 24 a.C.), famoso geógrafo e historiador griego, también destacaban los bastetanos en otra cosa, en que “[...] en la Bastetania, las mujeres bailan mezcladas con los hombres y lo hacen cogiéndose de las manos” (Str. III.3.7)
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A principios del siglo V, el Imperio Romano, empezó a sufrir la invasión de Ostrogodos, Sajones, Francos, Alemanes, Burgundios, Cuados, Visigodos, Vándalos y otros pueblos bárbaros, que llevaron al pueblo visigodo a dominar toda la Península, dominación que duró hasta que, en el año 712, el califa Muza Ben-Nozair se apoderó de casi toda el territorio peninsular.
La Bastitania pasó a ser una de las nueve provincias peninsulares, llamada Oróspeda, bajo una organización visigoda, con un rey al frente, quien nombraba un duque para dirigir cada provincia, el cual nombraba a su vez, a los condes que controlaban cada distrito en que estaban divididas las provincias.
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Alrededor del año 550, el visigodo Atanagildo, descontento con el rey Argila, pidió ayuda a Justiniano, emperador bizantino para combatirle y este acabó apoderándose de lo que hoy es Andalucía e implantando aquí la cultura bizantina. Mientras tanto, se desarrollaron continuas batallas entre arrianos y cristianos, que en la zona de Baza tuvieron lugar por el año 570 y durante dos años, para acabar favoreciendo al rey Leovigildo, el cual expulsó a los bizantinos y acabó retomando el poder en toda la Península. Después, su hijo Recaredo, convertido al cristianismo, impuso esta doctrina en todo su reino, a pesar de los vanos intentos de los arrianos por destronarlo. |
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En cuanto a otros hechos concretos relacionados con Baza, podemos hablar de la presencia del Obispo bastetano en el tercer Concilio de Toledo, pero poco más, y es que a pesar de haberse hallado cerámica ordinaria de esta época en algunos yacimientos, los datos que se tienen son más escasos que los de épocas anteriores |
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Los visigodos se vieron inmersos en un periodo de crisis internas, que les llevó a guerras con las que pretendían acumular más poder pero que sólo les ocasionaban, cada vez más, crisis internas. Ello fue aprovechado por los musulmanes que, en apenas cuatro años, conquistaron la Península Ibérica. Así, en el año 713 los árabes estaban ya instalados en Baza, ciudad que recibió el nombre de Madinata Bastha y que estuvo bajo su dominio hasta el 4 de diciembre de 1489. Muchos siglos de estancia, pues, hicieron que la huella árabe quedase marcada en todos y cada uno de los rasgos bastetanos. Lo cierto, en todo caso, es que aún hoy pueden apreciarse en Baza las calles estrechas y abrigadas del calor, hechas sin lógica alguna, así como los adarves o callejones sin salida (Poyo Gato, el Corralazo,...), que sólo servían para dar paso a un grupo de vecinos, algo muy propio de las ciudades árabes, pueblo que también nos dejó muchos de los nombres de lugares y palabras de nuestro vocabulario más común. La vida va transcurriendo así, hasta que, en el siglo XI, surgen los llamados Reinos de Taifas, ante las disputas y revueltas que había en los distintos territorios del ya desaparecido califato cordobés, dando lugar a un desmembramiento y una disgregación del imperio musulmán, que fue aprovechado por las tropas cristianas para avanzar, ante la debilidad de estos reinos, que llegaron a ser hasta veintiseis, muchos de los cuales acabaron pagando tributos (parias) a los cristianos por el simple hecho de permitir su existencia , mientras peleaban y conspiraban entre sí.
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Esta situación provocó la llegada de más invasiones musulmanas, y tras la de los almorávides en 1086, tuvieron lugar la de los almohades en 1145 y la de los benimarines en 1224, todos ellos con la intención de ayudar a recuperar las tierras perdidas ante los cristianos. Fue precisamente la llegada almohade a Baza la que acabó con el Reino Taifa que se había formado aquí, junto con Guadix, y que duró de 1145 a 1156, teniendo a su frente, en primer lugar, a Abu Al-Hasan Ben Nasr, a quien siguió Ahmad Ben Muhammad que, a su vez dejó paso, en 1151 a Muhammad Ben Abd Allah que permaneció en el poder hasta la ya citada llegada almohade en 1156 y que supuso, además la incorporación de ambas ciudades al Reino Nazarí granadino |
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Allá por el siglo XII, Baza era una ciudad que debía tener algún tipo de muralla, aunque de poca consistencia, sobre todo en la Almedina, y que incluso podría haber sido simples tapias en algunos de sus arrabales.
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Sin embargo, este aspecto defensivo, debió ser corregido por los primeros árabes ya que, en el siglo XV, el cronista de los Reyes Católicos hablaba de un muro, muy fuerte, en torno a la ciudad, con cuatro puertas (Arco de la Magdalena, calle Mesto, Cuesta Aduana y plaza San Francisco) y algún otro tipo de construcción más débil para proteger los arrabales, que quedaban en el exterior de la muralla principal, aunque también con sus puertas correspondientes. En sitio predominante y de difícil acceso, seguramente la actual Alcazaba, estaba el alcázar, dotado de altas torres y fuertes muros. |
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En la confluencia de las calles Dolores o Cava Baja y Zapatería se puede ver hoy uno de los escasos restos del muro principal de la ciudad. |
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Los últimos años árabe-andalusíes estuvieron salpicados de varias contiendas que garantizabanuna constante actividad bélica. En 1232, Muhammad [I] Ibn al-Ahmar, conocido como El Rojo, se proclamó emir de Arjona, Jaén, Guadix y Baza para, cinco años más tarde, ser reconocido emir en Granada, acabando con el dominio almohade, proclamándose rey y dando lugar a la formación del reino nazarita, momento a partir del cual, Baza empiezó a incrementar su importancia, que alcanzaría su máximo desarrollo entre los años 1350 y 1406, después que Abu Valid recuperase la ciudad en el 1325, en una contienda en la que los árabes ensayaron la utilización de la artillería, por primera vez en Europa. |
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Por aquella época, Baza respondía perfectamente a la estructura usual en la construcción de las ciudades árabes en las que, a pesar del desorden aparente, el mundo islámico las dotaba de unos cánones estructurales muy concretos, formados por tres elementos básicos: el alcázar, la almedina y los arrabales, que se corresponden con otras tantas zonas de la actualidad. La Alcazaba corresponde al primero de ellos, mientras que la almedina estaba formada por las zonas comercial, religiosa y administrativa, siendo la Mezquita (la Iglesia Mayor en el caso de Baza), el eje neurálgico de la población en cuya alcaicería se comerciaba con seda, se hilaban tejidos y estaban las tiendas y las oficinas de los cambistas y es que Baza, que ya fue un importante centro comercial durante la época romana, alcanzó con los árabes su época de mayor esplendor. |
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En cuanto a los barrios periféricos o arrabales bastetanos, eran los de Marzuela o Marasuela (Santiago), Calacajar (entre Dolores y Calle Ancha), Churra o Churriana (zona de la Merced, barrio cristiano al que se le permitió construir una iglesia), Algedid (San Juan), Al-Rabal-Hédar (Rabalía) y los llamados “otros barrios de arriba” en el Libro del Repartimento (Razalov, Chorrillo, etc.).
Y como buena ciudad árabe, otro de los elementos característicos de la Baza de esta época eran los jardines y huertos, repletos de árboles, flores, frutas y verduras, y las casas con albercas o surtidores, tan propios de la cultura islámica, todo ello rodeado de una notable cantidad de huertas y cultivos, favorecidos por la presencia de innumerables arroyos, rodeando la ciudad. Por cierto que el autor de la "Descripción del Reino de Granada", Ibn al-Jathib, comenta en su obra la abundante producción de miel de las tierras granadinas, de entre las que destacaba la calidad de la miel bastetana.
En cuanto a población, a finales del siglo XV, el censo hablaba de más de 10.000 pobladores, a los que había que unir la guarnición militar y las gentes de la huerta y alrededores.
Por esta época hay datos de la muerte en tierras bastetanas del noble García Lasso de la Vega, escudero de D. Rodrigo Manrique, padre del famoso poeta, a consecuencia de una flecha musulmana envenenada que se le clavó en la garganta durante el asedio a nuestra ciudad, en el año l456. Años más tarde, fue el propio Jorge Manrique quien resultó hecho prisionero en otra refriega, aunque salió mejor parado que su hermano Rodrigo, que murió en uno de los primeros combates de la toma de la ciudad.
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El siglo XV comenzó también con un periodo de mucha inestabilidad, llegándose así hasta 1489 año en el que, tras seis meses de un asedio constante, el ejército cristiano, formado por más de 50.000 hombres bien armados y pertrechados, entra en la ciudad, por la puerta de la Magdalena, el día 4 de diciembre, imponiendo los Reyes Católicos a su defensor, Cid-Hiaya, el deber de recibir el bautismo, tras lo que pasó engrosar las huestes cristianas con el nombre de D. Pedro de Granada. |
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Dato importante del asedio a la ciudad es el hecho de que, para que resultase más fácil, se encargó a Guitierre de Cárdenas la tala de innumerables árboles de las afueras de la ciudad, con la ayuda de 2000 hombres de a caballo, 5000 peones y 4000 hombres más que asolaron y destrozaron la vega bastetana, durante cuarenta días, utilizándose la madera talada en la fabricación de empalizadas y otras construcciones para el asalto a la ciudad.
A partir de aquí empieza una época de fuerte decadencia que acaba con todo el esplendor e importancia de la ciudad.
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La conquista por las tropas cristianas supuso para Baza la vuelta a nuevos y profundos cambios. Para empezar, los Reyes Católicos dotaron a la ciudad de un fuero específico que establecía todo lo referente a organización y gobierno de una población en la que se quedaron a vivir muchos de los soldados que participaron en la contienda que llevó a la incorporación de Baza a la Corona de los Reyes Isabel y Fernando.
El plano de la ciudad siguió básicamente igual, aunque fueron derribadas 300 de las 1577 casas con que contaba, mientras se construyeron algunos palacios y casas nobles. Uno de los primeros debió ser la Casa del Infantado, en la placeta de la confluencia de las calles Monjas y Jesús Domínguez, que data del 1493
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Por otro lado, las tres mezquitas que había, la Mayor, Santiago y San Juan, pasaron a ser iglesias cristianas y se construyeron algunas ermitas como las de San Sebastián y el Espíritu Santo. También se construyó el convento de los Franciscanos y el Palacio de los Enríquez, con el anexo del monasterio de los Jerónimos, obra dispuesta por D. Enrique Enríquez, tío del rey Fernando y primer Gobernador de la ciudad.
También por esta época se levantó la Iglesia de la Merced, fundada por el caballero cristiano D. Luis de Acuña, cuya obra empezó en 1490 y duró dos años, dándose la circunstancia del encuentro, por parte de un obrero accitano, de la imagen de la Virgen de la Piedad, que debió haber permanecido enterrada allí desde la invasión almohade, por haber sido aquel el sitio donde estuvo la iglesia mozárabe.
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Como dato curioso de esta época, vuelve a existir documentación sobre la producción de miel de estas tierras, a la que aludíamos en el apartado dedicado a la Baza Árabe, y es esta vez el Libro de Propios del Ayuntamiento, del año 1564, el que deja constancia de como se cobraba herbaje por las colmenas que había en la zona de la Sierra de Baza, productoras de una exquisita miel de romero.
Baza siguió siendo, tras la conquista, una fuerte plaza militar, con su alcázar en plena utilización y en buen uso, ya que permitió dar refugio a las autoridades bastetanas con sus familias, durante la causa comunera, a la que se unió el pueblo bastetano, y que ocasionó el derribo de diversas zonas de la muralla, las cuales fueron reparadas después, con la confiscación de bienes a los derrotados.
En el aspecto organizativo, las pragmáticas reales de Segovia (1496) y Tortosa (1503) establecieron disposiciones sobre los sistemas de reclutamiento, clasificación del personal militar, contabilidad y organización de la intendencia e, incluso, un esbozo de un código penal militar. Por aquellas mismas fechas se crearon en Baza y Medina del Campo parques de artillería para la fabricación de armas de fuego y para la formación de especialistas, entre los cuales destacaron los nombres de Diego de Vera y Pedro Navarro.
Otro de los episodios que volvió a dejar constancia de la fortaleza de la Alcazaba bastetana, fue la revolución morisca en la que los bastíes se unieron al movimiento musulmán encabezado por Aben Abóo y el Malech, aunque acabaron siendo derrotados y sometidos al destierro, junto a un numeroso grupo de moriscos, lo cual ocasionó el consiguiente descenso de población. Aben Aboo, llamado Diego López de cristiano, el cual era primo de Aben Humeya, quien consiguió reunir diez mil moriscos con los que llegó incluso cerca de Granada, si bien no acabaron de sumarse a la rebelión, por temor a las represalias que podían recibir y que les llevarían a perder lo poco que tenían.
Otro hecho que influyó decisivamente en la población bastetana fue la sucesión de tres fuertes terremotos en los años 1520, 1522 y 1531, con los consiguientes destrozos, que sobre todo con el último de ellos fueron bastante notables, quedando afectados edificios importantes como la Alcazaba, la Iglesia Mayor que quedó casi destruida, y el Monasterio de Santa Clara, en la calle de las Parras, cuya reconstrucción fue trasladada a lo que hoy es el Colegio de La Presentación, en la calle de las Monjas y callejón del Almendro. Pero lo peor de todo fue la pérdida de la vida de un millar de habitantes, a los que hubo que unir los muchos que se quedaron sin casa y se vieron obligados a marchar de una ciudad cuya sola contemplación resultaba desoladora.
Pero como todo no debió de ser malo, entre el segundo y tercer terremoto se dictó una Célula Real en 1523, un año después del segundo de los terremotos, que permitió el reparto de la Sierra de Baza entre los residentes en la ciudad, para lo que se hizo un padrón por parroquias que arrojó un resultado de 3.600 bastetanos, a los que había que unir los extranjeros y moriscos que aún quedaban. De esta forma el pueblo accede a estas tierras, lo cual le había sido negado en el reparto que se hizo de las huertas, casas, cercados y demás propiedades de la ciudad, tras la conquista cristiana.
Fue también este siglo época de construcciones en Baza, ya que se levantaron nuevos edificios como el Hospital de Santiago, el convento de Santo Domingo, la reconstrucción, en varias ocasiones, de la Iglesia Mayor que, a causa de los terremotos, vio derribarse lo ya hecho; el convento del Espíritu Santo, el Hospital de la Trinidad, la Casa Consistorial y la cárcel, que coinciden con los actuales Museo Municipal y Ayuntamiento, y el edificio de las Carnicerías, entre otros, todo lo cual revalorizó las zonas de la pequeña Plaza Mayor, Santo Domingo y la Merced.
Comentar, por último, la visita a Baza del autor del Quijote, Miguel de Cervantes, que llegó el 9 de Septiembre de 1594, procedente de Guadix, en misión oficial como Juez Ejecutor de la Real Hacienda a fin de realizar diversas recaudaciones.
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"† Muy P.º Señor:
Escribi a V. Mg.d los dias pasados lo q' haui hecho en la cobrança q' Por mandado de V. Mg.d viene a hazer de las fincas de las tercias y alcabalas de algunos lugares deste Reyno de granada y acuse que dos Partidas contenidas en mi Comision q' fueron la de la casa de la moneda de granada y la de Motril y Salobreña y almuñecar hauian salido muertas Porque estauan ya Pagadas de las demas q' son Baça gudix Aguela de granada y loxa e cobrado y el din.º dellas excepto dos mil Reales e embiado en polizas seguras a esa corte Remitidas A Alonso Perez de Tapia criado del licenciado laguna despues aca estado en velez malaga y por estar la tierra apretada y los Receptores no poder cobrar de los aRendadores me e contentado de tomar cedulas del din.º para Seuj.ª que me lo daran dentro de ocho dias no me queda Por cobrar mas de la Partida de Ronda q' son 400Umrs. aseme acabado el termino V. Mg.d sea seruido de que se me den 20 dias mas en el qual abre acabado con todo y yre a entregar el din.º donde se me mande Puedeseme enbiar el despacho a Malaga donde quedo esperandole. Nv.e 17.
†
Miguel de Cervantes Saauedra. |
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Siglo este de escasa actividad, en el que lo más destacable de cuanto aconteció fue el haber tenido lugar la expulsión de muchos moriscos bastetanos, la cual supuso el final de la convivencia entre las tres culturas que hasta entonces formaban la población: musulmanes, judíos y cristianos.
El consiguiente abandono de las viviendas que habitaban los expulsados, hizo innecesaria la construcción de otras nuevas, a pesar de lo cual, se levantaron algunos edificios importantes como el Oratorio de San Felipe Neri, hoy Iglesia de los Dolores, aunque no se acabó hasta el siglo siguiente. También se acometió la ampliación y transformación de la antigua y muy pequeña plaza árabe, en lo que hoy es la Plaza Mayor, para lo cual se precisó de la expropiación de diversas viviendas. Por último dejar constancia de que también en esta época se inició lo que, con modificaciones posteriores, acabaría siendo el actual Parque de la Alameda.
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En el 1702 se acabó el Oratorio de la Cava Baja, hoy Iglesia de los Dolores, si bien no se contó con las columnas salomónicas de su entrada hasta casi cuarenta años más tarde. Pero, al contrario que en épocas precedentes, lo que más destacó fue una demolición: la del Alcázar bastetano o Alcazaba, por una Real Célula dictada por Felipe V en 1714, disponiéndose a continuación, que los soldados se tenían que alojar en casas particulares. Aún en esas condiciones, en 1746 se creó el Regimiento Baza, para el que la Historia tenía reservado ser protagonista de importantes episodios. |
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La Historia también nos recuerda que Baza es zona de una intensa actividad sísmica y, nuevamente, en 1755, hubo otro importante terremoto que, otra vez más, ocasionó importantes destrozos y cuarteó la torre de la Iglesia Mayor, datando de entonces la torre actual con seis cuerpos y 48 metros de altura.
Estamos en época de vacas flacas y, para colmo, se produce un notable descenso de población, bajando hasta los 1.500 habitantes, según el Catastro de Ensenada, de los que unos 200 vivían fuera de la ciudad. Una ciudad que estaba muy degradada, con tapias de tierra medio caídas y algunas casas en estado ruinoso, hasta que por una disposición de Carlos III se allanaron y empedraron algunas calles, a la par que se reedificaron algunas casas y se hicieron alcantarillados.
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La primera noticia que tenemos de la Baza de este siglo, datada en 1800, nos habla de descubrimientos y saqueos de la necrópolis ibérica de Cerro Largo, a cargo del maestro-escuela Pedro Álvarez Gutiérrez, deán de la Catedral de Baza,quien había conseguido un permiso oficial para excavar allí, aunque parece ser que las piezas halladas, que fueron calificadas de romanas, las enviaba a Carlos IV. Lógicamente, estas piezas y la documentación relativa a las mismas, se hallan en paradero desconocido.
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A comienzos del XIX, llega una nueva contienda y justo en el año de 1808 se forma el Batallón de Cazadores Baza, que tiene su origen en el segundo Batallón de Voluntarios de Granada y del que fue su primer jefe el Teniente Coronel D. Miguel de Haro. Este Regimiento pasó a llamarse, en 1812, Regimiento de Infantería Baza nº 31, numeración que pasó a ser nº 35 dos años más tarde.
En 1847 cambió su denominación por la de Batallón Provisional nº 12 y, ese mismo año, por la de Batallón de Cazadores Baza, añadiendo en 1895 los términos de [...] Peninsular nº 6 de Cuba, hasta que fue disuelto en 1899.
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Los Hechos de Armas más destacados fueron su participación en la Guerra de la Independencia (1808-14), en los sucesos políticos de Madrid (1848-54), Aragón (1854) y Burgos (1855). Estuvieron también con la expedición a Italia y los Estados Pontificios (1849-50), para ir más tarde a la Guerra de África (1859-60) y a la Guerra de Cuba (1869-80 y 1895-98).
Volviendo a la historia de la ciudad, entramos en la llamada Guerra de la Independencia, esta vez contra el ejército francés que, desde un principio, contó con la oposición de un pueblo bastetano que se echó la calle, para oponerse a sus huestes, si bien estos acabaron imponiendo su fuerza e instalando su cuartel en, otra vez, el Monasterio de los Jerónimos, aunque no por mucho tiempo. La permanencia francesa en Baza estuvo ligada al control del corredor hacia Lorca, a través de la comarca de los Vélez, lo cual determinaba también la obediencia de los poderes locales de la zona, a las autoridades invasoras o a las españolas, según circunstancias.
En mayo de 1812, los franceses abandonaban Baza pero, para colmo, la ciudad seguía viviendo tiempos de desgracias, esta vez en forma de epidemias. La primera ya la habían padecido el mismo 1800 y fue de fiebre amarilla y ahora, en los años de 1834 y 1855, hubo otras dos de cólera. Esto influyó notablemente en una población que, a pesar de todo, siguió creciendo, de modo que en 1826 era de algo menos de diez mil habitantes y que pasó a tener un millar más a mediados de siglo y otro millar más desde entonces al 1887, siendo destacable el hecho de que más de mil de esos habitantes pertenecían ya a la zona de las Cuevas, barrio que empezará aquí una expansión característica, en cuanto al tipo de sus edificaciones, que no parará en los próximos ciento cincuenta años.
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Y, hablando de desgracias, dicen que nunca vienen solas. Y así fue. En 1833, Baza vio como se perdía una de esas oportunidades que podían haber cambiado su rumbo: tuvo la posibilidad de ser capital de provincia, pero vio como ese rango se fue a parar a la ciudad de Almería. La antigua provincia de Granada fue dividida en tres subprefecturas: Granada, Baza y Almería, siguiendo las normas dadas por José I, a imitacion de la organización territorial francesa. A la subprefectura bastetana se le asignaban los territorios de lo que hoy es el norte provincial, hasta los límites de Huéscar, que pertenecía a Murcia y pasaba a Baza, más las jurisdiciones de los Filabres, el Almanzora y los Vélez. Al final, fue el motrileño Francisco Javier de Burgos, autor de la nueva organización territorial, como Ministro de Fomento, quien dio la capitalidad a los almerienses, cuando el Gobierno de Cea Bermúdez estableció las actuales provincias españolas, el 30 de noviembre de 1833, mediante un Real Decreto firmado por la Regente María Cristina que eliminaba, además, las afrancesadas prefecturas. |
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Pero no todo iba mal. Una de las actividades que tuvo bastante importancia en esta época bastetana fue la de la minería, hasta el punto de que, sólo en el término municipal de Baza, había registradas más de veinte sociedades propietarias de minas, la mayoría con capital bastetano, que trabajaban en la obtención y explotación, de piritas, sulfuro, cinabrio, galena y plata hasta el definitivo cierre de las minas, en 1968, en que quedarona abandonadas todas las instalaciones. El cierre no fue debido a la escasez de mineral, que lo seguía habiendo y de buena calidad, sino a problemas de rentabilidad, por la subida de salarios y los costes del transporte, y a problemas técnicos que impedían una mecanización a gran escala.
De todas formas, Baza seguía siendo, fundamentalmente, una ciudad agrícola que, aunque de otra manera, iba avanzando a la vez que iba modificando sus cultivos, introduciendo el del el olivar y, después, casi a finales de siglo, la remolacha, el lino, el cáñamo y el esparto, hasta el punto de producirse una cierta mejora en el empleo, en el comercio y en la artesanía, que hasta llevó a la creación del Banco Agrícola Hipotecario y también a una cierta mejora de la ciudad, que en 1844 vivió una época de reformas viarias, rotulándose y numerándose las calles, reparándose fachadas, publicándose normas de limpieza y ampliando y mejorando el alumbrado público, con la instalación de 25 nuevos faroles.
En cuanto a obras de consideración, fue en 1825 cuando se acometió el cubrimiento de los Alamillos, aunque la decisión más trascendente llegó con la desamortización de Mendizábal, con la que muchos de los edificios singulares, tanto de la Iglesia como de entidades civiles, fueron requeridos para otras actividades, tras lo que se acabó con la desaparición de más de uno y, aunque otras construcciones volvieron a sus usos normales, hubo muchos edificios que cambiaron para siempre.
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Fue entonces cuando el Convento de San Francisco se convirtió en parador (antigua posada y estación de autobuses de los Maestras, ya desaparecida también); San Antón pasó a ser almacén y viviendas, pudiendo verse aún hoy ese cierre-balcón sobre su entrada; Santo Domingo pasó a ser bodega, cine y almacén; San Jerónimo, otro almacén más; parte de San Felipe Neri pasó a ser vivienda convencional, Santa Clara se vendió al Ayuntamiento, para poner allí un asilo, y menos mal que, al final, acabó convirtiéndose en el actual Colegio de la Presentación y... lo que es peor, miremos hoy como están muchos de esos edificios, sobre todo los que perdieron la funcionalidad que tenían, y... ojalá los podamos seguir mirando porque, insistimos una vez más, sensibilización no falta en ninguno de los estamentos bastetanos, pero las acciones no se concretan y muchas de las edificaciones más significativas de la ciudad están en un a situación peligrosa. |
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En esta época se fundó también el Asilo de Ancianos y empezó a tomar forma la Alameda, que ya tenía una fuente de mármol en el centro. Por cierto que, por aquella zona, se cree que en la Cava Alta, estaba la anterior plaza de toros, puesto que Baza tenía una importante tradición taurina y celebraba importantes festejos antes de contar con la actual y ya centenaria Plaza de Toros de la Carretera Vieja de Granada. |
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